Descubriendo la Octava Isla canaria: La Graciosa

El barco se balancea suavemente mientras atraviesa El Río, el estrecho de agua turquesa que separa Lanzarote de La Graciosa. Son solo 25 minutos de travesía, pero sientes como si atravesaras una frontera invisible que te hace cambiar tu rimo de vida. Atrás quedaron las carreteras asfaltadas, el ruido de motores y las prisas. Delante tienes una isla donde el tiempo se ha detenido para brindar el equilibrio perfecto entre lo salvaje y lo habitable.

Si estás planeando una escapada a La Graciosa, necesitas organizarte para aprovecharla como es debido. Lo primero y más importante: sabes que los horarios del barco para La Graciosa tienen horarios regulares durante todo el año, aunque su frecuencia varía por temporadas. Y esto es importante porque, en una isla en la que las prisas y los coches brillan por su ausencia, perder el último ferry puede ser más que una anécdota.

Un clima privilegiado y un tesoro bajo el agua

Ya tienes los deberes hechos en materia de transporte. Pero, ¿y cuándo es mejor ir?, o, ¿qué hay de especial en La Graciosa? Por suerte para ti, ambas respuestas te van a gustar.

Esta isla tiene un clima perfecto durante todo el año, con temperaturas medias entre 22 y 26 ºCque hacen que se pueda visitar cualquier día sin miedo al frío. Sus veranos son cálidos, pero con una brisa agradable; y los inviernos son tan suaves que podrás pasear descalzo por sus orillas sin problemas.

Aunque lo que de verdad convierte a La Graciosa en un destino único es lo que se esconde bajo sus aguas. Esta isla forma parte de la Reserva Marina del Archipiélago Chinijo, la mayor reserva marina de Europa. Es un ecosistema protegido donde la biodiversidad submarina es simplemente excepcional.

De hecho, la riqueza de los fondos marinos de esta isla es uno de sus principales atractivos. Aquí conviven especies endémicas, praderas de sebadales y formaciones rocosas que te encantarán si te gusta el buceo o haces snorkel. Recorrer su fondo marino es una de esas actividades obligatorias al visitar la isla.

Caleta de Sebo y Pedro Barba: Dos pueblos, dos mundos

Descubriendo La Graciosa - Caleta | Foto: Dreamstime.com

¿Dónde se vive aquí? Caleta de Sebo es el corazón habitado de La Graciosa. Sus calles de arena, flanqueadas por casas bajas pintadas de blanco y azul, transmiten una sensación de calma que resulta incluso hipnótica. Nada de semáforos, ni aceras, ni coches. Solo verás bicis apoyadas en paredes, niños jugando y oirás el constante murmullo del océano.

Si te animas a probar la gastronomía local, prepárate para saborear el mejor pescado fresco, recién capturado y servido en platos sencillos pero contundentes. Cada pieza sabe como debe saber cuando el mar está a tan solo dos pasos.

Luego, unos kilómetros al norte, se encuentraPedro Barba, que es lo menos parecido posible a un núcleo urbano. Es un conjunto de casas vacacionales que suelen estar cerradas fuera de temporada, pero que destila la imagen de la típica postal de los 60. Idea si quieres desconectar hasta del propio concepto de "desconectar".

Playas vírgenes que quitan el aliento

Las playas de La Graciosa no están domesticadas. No hay chiringuitos, ni hamacas, ni vendedores ambulantes. Solo arena, roca volcánica y un horizonte interminable. Y la mejor prueba de ello es la Playa de las Conchas. Está al norte de la isla y es la más impresionante. Sus aguas bravas y arena dorada llegan a los acantilados, con vistas a Montaña Clara y Alegranza. No apta para el baño por sus corrientes, pero sí para quedarse absorto con el paisaje.

La Francesa, en el lado opuesto, es más amable. Una playa de aguas tranquilas, oleaje suave y un fondo arenoso perfecto para familias y para quienes nadar con calma. Y luego está Montaña Amarilla, una formación volcánica de tonos ocres que baja hasta la Playa de la Cocina, un rincón recogido y salvaje donde la arena se mezcla con piedras volcánicas. Perfecto para perderse durante una tarde entera.

Explora a pie, en bici o con guía

Descubriendo La Graciosa

Ante la falta de coches, ir a pie o coger la bicicleta es lo habitual en La Graciosa, y se pueden alquilar nada más bajar del ferry. Puedes ir sobre ruedas recorriendo los senderos volcánicos que conectan las playas mientras descubres toda clase de rincones que no suelen estar en los mapas para turistas.

Si la idea de pedalear bajo el sol no te atrae, o simplemente prefieres aprovechar al máximo cada minuto, existen tours guiados que cubren los puntos más emblemáticos de la isla. Puedes dejarte guiar por expertos, contratando cualquiera de las diferentes excursiones en La Graciosa. Con ellas descubrirás los secretos mejor guardados de la isla, sea en rutas en 4x4 o en travesías en barco.

La joya salvaje de Canarias

Descubriendo La Graciosa | Foto: Dreamstime.com

La Graciosa es un destino para amantes de la naturaleza en su estado más puro, para quienes saben lo importante que es el turismo responsable y son conscientes de que este es perfectamente compaginable con una experiencia de relax y descubrimiento.

Esta isla es un refugio para quienes valoran el silencio y la sensación de pisar un territorio que aún no ha sido completamente domesticado. Pero esa fragilidad también exige responsabilidad. Visitarla implica respetar sus espacios protegidos, no dejar rastro y entender que su mayor valor reside precisamente en lo que aún no se ha tocado. Anímate, porque te va a fascinar.